Tras este título, casi postprocesualista, es importante repasar realmente que herramientas necesitamos en el trabajo arqueológico. La navaja suiza es el paralelo que se establece entre el arqueólogo y las diferentes funciones que realiza tanto en los momentos previos de una investigación hasta el final de la misma.
Antes de abordar algún tipo de intervención arqueológica (excavación, prospección, o variantes sobre éstos) es necesario crear una serie de datos e informes, científicos, financieros, permisos, etc…
Generalmente este paso lo podemos solucionar con un procesador de textos, unas tablas, una base de datos y si queremos una herramienta de planificación. Si añadimos planos un programa a tal efecto (aquí empezamos a desplegar la navaja suiza, en ocasiones la falta de presupuesto nos impide contratar un delineante con conocimientos de CAD y somos nosotros mismo los que tomamos datos, los pasamos a limpio, etc) y con las fotos, lo mismo.

En la propia intervención, podemos seguir utilizando el mismo software (un suite ofimática, un programa para los planos y otro de tratamiento de imágenes). En alguna ocasión podemos utilizar un programa para la gestión de datos geográficos (de nuevo la navaja suiza, ya que no somos geógrafos y nuestra aproximación a este tipo de software es en ocasiones autodidacta, o quitando tiempo a nuestra investigación).

Tras el trabajo de campo viene la realización de los informes y memorias, y podríamos realizar dicho trabajo con la suite ofimática, el programa para planos y el de tratamientos de imágenes, pero de nuevo se nos vuelve a colar el SIG para presentar los datos geográficos, si somos puntillosos que menos que un programa para diseñar una portada. Y no hablamos ya de representaciones tridimensionales de objetos o análisis mediante paquetes estadísticos.

Resumiendo, si para nuestro trabajo cotidiano necesitamos unos 5 programas, ¿por qué nuestros ordenadores tienen decenas de ellos? Posiblemente la respuesta mas sencilla sea la falta de presupuesto para contar con personal externo a la arqueología y que pueda realizar el trabajo para el que está preparado, o será que nuestra “Ciencia” nos prepara para ser navajas suizas.